BENDITA LOCURA
La comparación entre Oreste Osmar Corbatta y Manoel Francisco Do Santos, Garrincha, es casi inevitable. Son como dos retratos copiados de una misma foto. SE parecen en casi todo.
El argentino nació en la provincia de Buenos Aires en 1936. El brasileño, en Pau Grande en 1933. Los dos hogares donde la pobreza se devoraba cualquier esfuerzo. Llegaron a la cumbre casi sin proponérselo, por condición natural, por mandato de su capacidad para inventar jugadas sólo posibles en sus cabezas veloces.
Pero terminaron envueltos en una miseria que hablaba de ingratitudes ajenas y excesos propios. Garrincha murió antes de cumplir 50 años, el 20 de enero de 1983, en un hospital de Río de Janeiro, con un cuadro hepático que fue provocado por un síndrome alcohólico. Corbatta falleció el 6 de noviembre de 1991, a los 55 años, internado en un policlínico de La Plata. Tenía cáncer de laringe. Sus últimos años los pasó durmiendo debajo de la tribuna de Racing en un camastro y viviendo de la caridad. Por pedido de Racing y en su homenaje, el pasaje Cuyo, que demarca con el estadio del club, fue rebautizado con su nombre por la Municipalidad de Avellaneda.
Fueron dos genios que vivieron una misma parábola: la del ídolo nacido en la dejadez y desamparo de la favela, o su versión local en las villas miseria, que asciende por sus virtudes como fenómeno deportivo, que es venerado en su apogeo y abandonado en su triste y solitario final.
Corbatta, El Loco, definió une época y un puesto. El andar de Oreste Osmar es idéntico al del seleccionado: brilló con Los Carasucias en Lima 1957, fracasó sin atenuantes en el Mundial de Suecia, regresó al país y se destacó en el sudamericano del 59, que ganó el equipo Argentino en Buenos Aires.
Una vez, cuando su éxito tenía eco en casi todo el mundo, la revista Life lo puso en su tapa, igual que al brasileño Pelé.
Para las eliminatorias del Mundial de Chile 1962, Guillermo Stábile dejó su cargo tras el 4 a 1 contra Brasil por la Copa Roca, en 1960. Volvieron a llamar a Don Victorio Spinetto, el mismo que había enderezado el rumbo un año antes.
Las eliminatorias eran vitales, debían jugador dos partidos contra Ecuador, el primero se disputó en Guayaquil: Argentina goleo 6 a 3, y dos de los goles los convirtió Corbatta, uno de ellos de penal, otra de sus especialidades. La revancha fue en Buenos Aires y hubo otra goleada, en este caso 5 a o y este wing impredecible convirtió otro penal.
Este increíble de la pelota jugó en Racing 177 partidos en los que convirtió 72 goles. Fue campeón en el 58. Y en 1963 pasó a Boca en una transferencia importante para la época: 12 millones de pesos. Después siguió en Independiente Medellín de Colombia, otra vez un corto paso por Racing, San Telmo y Tiro Federal de Río Negro.
UN GOLEADOR INSOLENTE
José Francisco Sanfilippo recorrió su vida de futbolista con el mismo vértigo que, con el tiempo y su elocuencia, se convirtió en habitante sistemático de cualquier talk-show que de fútbol se tratara.
Debutó muy joven en la primera de San Lorenzo, a los 18 años, en 1953. Fue goleador durante cuatro temporadas consecutivas y en 1959 se consagró campeón con un equipo cuyo principal sustento era la astucia de su centrodelantero. Después pasó a Boca en una cifra casi obscena para esos días: 25.000.000 de pesos.
Fue suplente entre los Carasucias del 57, estuvo en plantel que fracasó en Suecia 58, no participo en el título de local en 1959, pero resurgió en un momento importante: las eliminatorias para chile 62. Hizo tres goles en los dos partidos contra Ecuador y fue una de las figuras. Argentina se clasifico para el Mundial con un objetivo imprescindible, que era revertir la imagen decadente que había dejado en la última edición. Por eso se trato, ahora con Spinetto como entrenador, de buscar organización europea. Por eso se organizó una gira por el Viejo Continente: Lisboa, Sevilla, Florencia…
Fueron 24 días para tratar de asimilar la formación física de los europeos, para observar como jugaban.
No fueron buenos los resultados ni las consecuencias: una victoria en el primer encuentro, ante Portugal 2 a 0, dos empates, 3 a3 frete a Checoslovaquia y 0 a 0 contra la Unión Soviética y dos derrotas, una contra España 0 a 2 y 1 a 4 ante Italia.
A pocos meses del mundial se decidió cambiar de entrenador: José D´Amico remplazó a Spinetto. El profe era estudioso del fútbol, que había arribado a su cargo de DT luego de haber sido preparador físico.
Pero paso lo de casi todos estos años: se trató de un itinerario. Enseguida Argentina goleo a Paraguay 5 a 1, en Buenos Aires y poco después también en la cancha de River perdió contra la Unión Soviética. Ese día, lev Yashin, el arquero conocido como La Araña Negra, atajó para los aplausos. El visitante fue el primer equipo europeo en ganar en Argentina y rompió un invicto de 18 años. Tras esa derrota, la AFA llamó a Juan Carlos Lorenzo, El Toto. Independientemente de los avatares de la rotación de entrenadores, Sanfilippo ostentaba condición de intocable. Sus goles en el terreno local lo transformaban inevitablemente en un hombre de Selección. Y Lorenzo lo incluyó pese a algunos cortocircuitos. Este increíble jugador hizo 226 goles en primera.
( Pequeños extractos de Clarín y El Gráfico )
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