EL PECADO DE OLVIDAR
La cuestión es que Stábile volvió a entrenar a la Selección en1960. Igual su final había sido el Mundial de Suecia. Ahí se olvidaron de todo lo que había hecho por la camiseta celeste y blanca. A tal punto fue castigado por la mala memoria que debió ponerle una custodia oficial en su departamento.
A los 60 años, poco antes de cumplir 66 y que su corazón le fallara, don Guillermo remarcó con tristeza: "Veinte años de honrado trabajo como técnico, desaprovechando magnificas oportunidades para ganar muchísimo dinero, quedaron pulverizados. Por lo de Suecia, todos cayeron sobre mí. Perdí y me mandaron al rincón de los trastos".
LA COPA DE LA REVANCHA (1959-1968)
Don Victorio Spinetto hablaba como si supiera porque, en realidad, sabía. Nadie objeto jamás sus conocimientos alrededor del mundo e la pelota.
No es casualidad que la historia lo reconozca y lo recuerde como El Maestro.
La debacle de Suecia no tenia retorno. No había otro camino: eran tiempos de reconstrucción. Y por eso se necesitaba, entre muchos desatinos, un tipo legitimado por su capacidad, por la conciencia general, por sus antecedentes. Y se decidió convocar a trío compuesto por José Barreiro, campeón con San Lorenzo en 1959, José Della Torre, campeón con Racing en 1958 y naturalmente con Spinetto a la cabeza.
El primer compromiso era la copa Acerca de Buenos Aires. Entonces hablo Spinetto y diseño las bases:
"Es fundamental que el arquero hable y ordene la defensa. También es muy importante que sepa jugar con los pies y7 que tenga salida rápida para iniciar los contraataques."
Lo dijo él, alguna vez medicampista central de Platense, Vélez e Independiente. El mismo al que sus amigos de San Juan y Boedo, en tiempos de pibe, lo bautizaron El Farmacia, porque vivía arriba de una.
Y al arco fue Jorge Negri, de Racing, quien ese 7 de marzo de 1959, en la cancha de River debutó con el 6 a 1 ante Chile.
Seguía Spinetto:
"Es aconsejable retroceder lentamente en bloque para establecer una barrera defensiva. Pasar la línea de la pelota, así se le reducen los espacios al rival en los últimos metros."
En es primer partido también debutaron otros nueve futbolistas: Julio Nuin, Carmelo Simeone, Vladislao Cap, Juan José Pizzuti, Pedro Manfredini, Eugenio Callá Y Raúl Belén como titulares y Guenzatti y José Rodríguez.
Y más indicaciones del líder del triunvirato. Ahora para la defensa:
"Deben comunicarse entre si para protegerse en caso que los atacantes logren deshacer el sistema de marcación. Siempre ahí que tener una voz de mando."
El equipo se fue armando, consolidando, creciendo. Tras el debut con goleada, venció a Bolivia por 2-0 y a Perú por 3 -1.
Siguió el buen nivel y Spinetto no dejaba de dar buenas indicaciones, enseñándoles a los jugadores a pensar las tácticas de cada partido.
Llegaron dos triunfos seguidos: a Paraguay 3-1 y a Uruguay 4-1. Sólo quedaba Brasil. Había más testimonios de Don Victorio.
"Generalmente, ningún ataque prospera si la pelota es jugada por el centro. Siempre se debe intentar por las puntas. Así, se abre la defensa rival."
Con un empate a la Selección le alcanzaba para derrotar al campeón del mundo. Era difícil, no era un partido menor. Se dio a conocer la formación:
Negri, Griffa, Murúa, Lombardo, Cap, Mouriño, Nardiello, Pizzuti, Rúben Sosa, Callá, Y Raúl Belén.
La cancha de River tenía 85 mil hinchas de esos de demostrarle al mundo del fútbol que lo que había pasado el año pasado había sido un embrujo.
Al cabo fue un 1 a 1 con gol de Pizzuti. Alcanzó. Argentina parecía recuperar el honor futbolístico.
Aquel equipo que había puesto de rodillas al Súper Brasil de Pelé, Garrincha, Didí y compañía parecía el comienzo de un ciclo renovado, la recuperación de la estirpe tradicional.
Pero a contramano del sentido común, en Argentina se quiso establecer una base europea. El mensaje incluía restarle cierto carácter lúdico al fútbol.
Eran tiempos de cambios sistemáticos, de planes a cortísimo plazo. Por eso, eses triunvirato que había establecido el rumbo tras la decadencia del Mundial 58, se desarmó con la misma velocidad con la que se dispuso poner a José Moreno, El Charro, ese futbolista distinguido que por unanimidad era llamado para dirigir a la Selección en el Sudamericano Extra de Ecuador. Se jugó en Guayaquil. Fue una prueba. Se demostró que no se debía recorrer ese camino, el de la variante permanente.
El equipo fracasó: un 5 a 0 contra el campeón Uruguay. En el cierre, un distinguido 4 a 1 ante Brasil, que en otras circunstancias habría sido inolvidable, selló la despedida del equipo de ese torneo y de Moreno como entrenador.
UN ÁNGEL: EL ANGEL ERMINDO
A Ermindo Angel Anega le decían El Ronco. Pero no lo era. No, a ese volante que también fue delantero y goleador, le adjudicaron atributos, responsabilidades y culpas que no le cabían: decían que era un "pecho frío", esas dos palabras implacables para definir a esos jugadores finos que los avatares de los resultados le dan la espalda.
Un delegado de River en Rosario lo recomendó junto con el Nene Sarnari. El pibe que había nacido el 4 de abril de 1940 en Las Parejas, Santa Fe, ya había jugado-a los 15 años- en la Primera del Deportivo, que presidía su padre, el mismo que había desechado una oferta a Newell´s.
Enseguida, al ver su juego vistoso, en Núñez le dieron el visto bueno y quedó.
Primero se destaco en Tercera, después en Reserva. Debutó en 1957, cuando ni siquiera tenía edad para jugar en Tercera. Ese día, con el titulo de tricampéon asegurado, nació el estigma más doloroso de River. Y este futbolista fino, sencillo, se transformo si querer y sin merecerlo en un símbolo de esos años de campañas buenas pero sin el éxito de la vuelta olímpica.
En 1960 fue convocado por primera vez a la Selección Nacional... El equipo debía afrontar los juegos Panamericanos de San José de Costa Rica.
Para esa ocasión el técnico elegido fue Stábile.
El equipo hizo una muy buena campaña y obtuvo el titulo: de los seis partidos que disputo sólo perdió uno (el último, 1 a 0 frente a Brasil), empató uno y ganó cuatro.
Anega demostró en esos partidos que era particularmente técnico, preciso y a la vez eficaz.
Fue también el espejo del fútbol de ese tiempo: un jugador que regalaba en cada fin de semana, que provocaba gritos, que justificaba el precio de la entrada y que, sin embargo, debió escuchar muchos más reproches de los que su juego merecía.
( Pequeños extractos de Clarín y El Gráfico )
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