CUANDO EL GOL TENÍA SINÓNIMO
La boca llena de una "o" prolongada, los ojos desbordados, las cejas levantadas, el gesto de admiración. Son imágenes de gritos de goles. Cada escena esta asociada que lo muestra esta asociada a algún gol de Luis Artime. Hay otras que también se parecen entre sí. Las cejas juntas, la mirada fija, los labios apretados.
Son fotos de notas a Luis Artime en la que esta denunciando algo.
Son goles para Atlanta, River, Independiente, Palmeiras, Nacional, Fliminense y la Selección. Son frases devastadoras, terminantes: del estilo de "hay que quemar la AFA con todos los muebles adentro" o de "la trampa existió siempre, pero ahora están todos en ella"
Está inscripto en la lista de los grandes goleadores: Bernabé Ferreira, Guillermo Stábile, Herminio Masantonio, José Sanfilippo, Carlos Bianchi, Gabriel Batistuta, Hernán Crespo. Los números lo elevaron siempre: fue quien más convirtió en los torneos de 1962 y 1963 para River, y en 1966 y 1967 para Independiente.
El comienzo fue con una pelota de goma que cayó en sus manos desde el tren que llevaba a Evita y a Perón de gira por Mendoza de su nacimiento. El final fue el 19 de febrero de 1974, cuando le hizo un gol a Olimpia por la Libertadores en el Centenario. SE sacó la camiseta, la besó y se la tiró a la hinchada de Nacional.
Su grupo de amigos siguió siendo el de siempre, el de la pensión de la calle Heredia, cuando llego desde Junín para jugar en Atlanta: Carlos y Mario Griguol, El Loco Gatti. También los que cosecho en River y la Selección: los Onega, Jorge y Eduardo Solari. Y tene una particularidad casi única en el fútbol, es amigo de Bilardo y de Menotti
A pesar de ser un goleador a Luis lo criticaron siempre: rebotero, oportunista, poco técnico.
En tiempos de la Selección fue una referencia para toda la época. En los 25 partidos que jugó hizo 24 goles. No es todo: en el Mundial del 66, marcó 3 de los 4 tantos del equipo; y en el Sudamericano del 67 fue el goleador del torneo, con 5 goles.
EL LEJENDARIO RATTIN
Rattin, ese caudillo xeneize, miraba desafiante, clavaba sus ojos en muchos más ojos que le devolvían broncas. En los cuartos de final de la Copa del mundo de Inglaterra en 1966, en Wembley, ese 23 de julio, el árbitro alemán Rudolf Kreitlein fue el protagonista al dejar al equipo argentino con diez hombres. El recuerdo es del protagonista, de Rattin:
"Inglaterra nos tenía mal, apretados contra el arco de Roma. Había que enfriarlos. Me acerqué al árbitro y le pedí un intérprete. Pero Kreintlein no quería saber nada con la demora. Tanto insistí que terminó por echarme. Nos ganaron 1 a 0. Después de la expulsión la FIFA estudió el problema de la falta de entendimiento por el idioma y en México 70 se incorporaron las tarjetas."
Pero el episodio no termino con esa expulsión:
"Me senté en la alfombra roja que le pusieron a la reina. Iba los vestuarios y me empezaron a tira chocolatines.Cuando estaba por llegar al banderín del corner agarré una bandera inglesa que flameaba en el palito. La retorcí toda y la mostré. Entonces, en vez de chocolatines me tiraron latas de cerveza."
Caminó despacio, como se le antojó en ese instante. Rompió con las reglas del protocolo que impone la realeza. Y se fue. De fondo, un grito unánime, feroz lo acompañaba:"Animals/ Animals…" El, los argentinos y los ingleses jamás olvidaran esa tarde.
Ganar el Mundial de 1966 fue para Inglaterra mucho más que una cuestión de honor. POr primera vez en la cuna del fútbol y luego de sufrir a Brasil en 1958 y 1962, el fútbol europeo se dispuso a impedir la victoria sudamericana.
Los métodos importaron poco: persecución feroz al habilidoso Pelé y arbitrajes sospechosos en partidos definitorios.
La Selección argentina fue tal vez la víctima más recordada. Dirigida por Lorenzo, llego a Inglaterra luego de una gira donde los rivales fueron improvisados y los resultados prometían poco. Y debutó el 13 de julio, en Birmingham, con una victoria ante España por 2 a1, con goles de Luis Artime. Tres días después empató 0 a 0 con Alemania Federal y se aseguró la clasificación para los cuartos de final al derrotar 2 a 0 a Suiza, con otro gol de Artime y uno de Ermindo Anega.
Llegaba el turno de enfrentar al local.
La elección de un árbitro inglés para dirigir Alemania-Uruguay y la de un alemán para Inglaterra-Argentina daban la sensación de un "arreglo" para eliminar a los sudamericanos. Fueron suficiente 38 minutos para confirmarlo. Las decisiones de los árbitros hicieron inevitablemente la sospecha. "El de Kreitlein fue un arbitraje mal intencionado, parcial de toda parcialidad. Y la expulsión de Rattin el broche de oro. Sin su caudillo en la cancha, Argentina intentó aguantar el partido, pero un cabezazo de Geoffrey Hurst en el segundo tiempo clasifico a los ingleses para las semifinales.
Los mismos jugadores argentinos que habían sido despedidos por el presidente constitucional Arturo Illia fueron recibidos con el título de "campeones morales" ya con el gobierno de facto de Juan Carlos Onganía.
Y la FIFA-presidida en aquel momento por el Inglés Stanley Rousno- dejó dudas sobre su postura: multó con mil francos suizos a la AFA, suspendió a Rattin por cuatro partidos y a Roberto Ferreiro por tres. También sanciono a Ermindo Anega, según se justificó mas tarde, "por escupir en la cara a un funcionario", y hasta evaluó la posibilidad de impedirle a la Argentina jugar las eliminatorias para el Mundial de 1970.
( Pequeños extractos de Clarín y El Gráfico )
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