HISTORIA DEL FUTBOL ARGENTINO

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CAMPEONATOS SUDAMERICANOS

  • 1923/24 - MONTEVIDEO


LA HAZAÑA DE TESORIERE
Dos años seguidos Montevideo volvió la emoción de dos nuevos títulos para la casaca celeste. Dos años seguidos Argentina se veía postergada en el segundo puesto. Uruguay seguía dominando –futbolísticamente- en toda América del Sur.
Estas nuevas etapas ediciones de la Copa América tuvieron distintos matices. Pero las dos estuvieron cargadas de gran dosis emotiva. El Río de la Plata fijó sus ojos en el estadio donde una vez más las dos naciones de sus márgenes discutían una superioridad.
El primer torneo (1923) recuerda la extraordinaria actuación de Aguirre, el goleador rosarino que nos diera el triunfo frente a Paraguay. Argentina perdía 3-2 cuando solo faltaban 10 minutos. Era el encuentro presentación en el Parque Central. Fue en esos momentos cuando el formidable insider logró los 2 tantos necesarios para el triunfo. El de la victoria, conseguidos faltando apenas 4 minutos, como culminación de un buen pase de Miguel. La noche anterior al partido (se jugó el 28 de octubre) mucho público argentino había viajado a Montevideo.
Luego vencimos a Brasil, en cancha barrosa, pero en la final Uruguay se quedó con el trofeo al vencernos por 2-0.

LA HAZAÑA DE TESORIERE
Un invicto que consagró aun hombre que no pudo consagrar el equipo. Aquel campeonato del 24 se hizo leyenda en esta frase: “¿Te acordás de la hazaña de tesoriere? No le hicieron ningún gol...”
El nombre de Américo Tesorire fue símbolo de lo imbatible. Su cuerpo esmirriado y frágil tomó dimensión de gigante. Nadie pudo superar su agilidad, sus saltos, su vista, su seguridad. Ni de alto, ni de abajo.
El gol fue un imposible.
Pero a pesar de ello Argentina nuevamente observó, resignada, como Uruguay celebraba un título.
El partido contra los paraguayos fue decisivo para la definición. Fue el primero y con el perdimos el primer punto. Los 20.000 hinchas locales que ocupaban la tribuna volcaron fervorosamente su aliento a favor de los guaraníes. Un 0-0 con sabor a derrota. Y la angustia del minuto final cuando el delantero Rivas erró un gol solo frente a Tesoriere.
Tampoco frente a los chilenos cumplimos en la medida de lo esperado. Recién el segundo tiempo hubo algo de lo que nuestros jugadores podían rendir. El fracaso de Bidoglio y Boarzotti obligó a otra gran actuación del arquero invicto. Dos goles de sobre pique conseguidos por Gabino Sosa y Loyarte permitieron el triunfo.
En la definición frente a los locales no varió el panorama. Los dos meses de entrenamiento que tuvo la selección argentina nuevamente no se reflejaron en su actuación. Otra vez 0-0, aunque los celestes jugaron mejor. Otra vez Tesoriere salvando la derrota. En “aquella final del 24” salvamos el invicto pero perdimos la Copa.
Y Américo Tesoriere se hizo historia...

LOS DOS INVICTOS:
AMERICO TESORIERE
AMADEO CARRIZO


LA MISMA HAZAÑA A 40 AÑOS DE DISTANCIA...
- Así que usted es Carrizo? Bueno mucho gusto... Yo conocí a su papá en un asado, en Caseros. Es un señor alto, ferroviario pero usted no tenía el gusto...
- Para mí, más que un gusto es un verdadero honor, señor... yo ni siquiera tuve la suerte de verlo atajar. Pero sé, por todo lo que e leído de la historia del fútbol, que usted fue todo Boca. Y esta oportunidad de poderlo saludar no se imagina lo que significa para mí...
El encuentro fue emotivo. Tuvo la comunicación inmediata de los ídolos, de los grandes... y en el abrazo se fundieron 2 generaciones. Veintisiete años de diferencia, porque Américo de 66 años y Amadeo de 39. Aunque la hazaña tiene 40, porque los grande títulos invictos del fútbol argentino van de 1924 a 1964. Todo es historia inolvidable, y la charla tuvo evocación...
- Yo en el 24 alcancé la sima. Adivinaba todo, tenía una lucidez bárbara. Hubo un gran proceso de maduración... y además entre con el pié derecho. Siempre quise jugar bien, fui un auto crítico muy severo. Pero a veces surgen imponderables, como le llaman ahora... en ese sudamericano no los hubo. Las atajaba todas. Ni siquiera pudieron ponerme nervioso. Recuerdo que en el último partido, con los uruguayos, salte a agarrar una pelota y cuando caí, siempre sosteniéndola arriba, le saqué la lengua a Petrone, que venía entrando y que en todo momento buscó sacarme de las casillas.
- En Río yo también estuve muy tranquilo. Jugué sin preocuparme más que de ganar. Nunca pensé en mantenerme invicto, ni con la obsesión de que me fueran a hacer un gol... y todo salió bien.
- A nosotros los uruguayos debieron mantenernos una goleada. Tuvieron muchas oportunidades. Hubo una en que llegaron a cantar el gol y fue mi mejor atajada. No retuve una pelota en un tiro fortísimo. Me estiré y caí junto a un poste, pero alcancé a ver que entraba Romano a la carrera... entonces me tiré para el palo opuesto y alcancé a desviarla con la punta de los dedos. Iba a entrar por el lado izquierdo, ya era el segundo tiempo, cuando nos tenían embotellados.
Carrizo ponía silencio en su admiración. Contempló sin hablar mientras Tesoriere se fue hasta un poste, midió la altura del travesaño, miró hacia el centro de la cancha, se quedó parado en el arco del monumental y contemplo sorprendido la grandeza de un estadio que jamás había visto por dentro... “pero cuente, cuente don Américo...”
- Fui a Montevideo por un desquite. Un año antes allá mismo jugué un sudamericano estando enfermo. Y los paraguayos me metieron 3, y los uruguayos 2. En el 24 lo conseguí. Me vengué. A la final tuve el mejor de los premios: Romano y Zibecci me sacaron en andas...
- Bueno, a mí no tanto...
Claro que esa Copa de las Naciones fue un triunfo para todos. Para mí mucho más, porque fue en un momento que necesitaba que volvieran a tenerme fe...
La pelota fue otro tema para Alfieri y su cámara. Las 4 manos la sujetaron. Cuatro manos que pueden escribir leyendas del fútbol argentino...
- Dígame, Amadeo ¿todas las pelotas tienen ahora estos gajos negros y blancos? Así sí se ve mejor cuando vienen...y es un poquito más liviana que la que jugábamos nosotros.
- Sí, es una ventaja. Claro que cuando vienen para adentro...
- Ahora me estoy acordando que en la final del 24 los uruguayos querían jugar con la de ellos, que era de un cuero malo... además era un poco más grande. Nosotros estábamos acostumbrados a una más chica, que los europeos decían que era para niños... Pero el arbitro Fanta nos permitió jugar con la argentina. ¡Quizá por eso la agarre mejor...! Muy buen referee ese chileno, estaba siempre muy atento cuando los uruguayos me querían agarrar en los corners...
Luego la charla se conjugó en tiempo presente. Amadeo preguntó
- ¿Siempre vive en la Boca, don Américo?
- ¡ Ah... sí! Sabe que pasa, que cada calle, cada cuadra de ahí es mi propia vida. Yo conozco cada baldosa de La Boca. Nací frente al cuartel de bomberos. Y una vez esta gente que ahora que está dirigiendo el club me quiso dar un departamento allá por el Jardín Botánico... pero yo prefiero vivir en una casa de madera y no aceptar... ¿sabe?, yo no me llevo bien con esta gente. Ando, como quien dice, en un pequeño conflicto con el club. Por eso vine a sacarme la foto aquí, en River.
- Bueno, en eso también nos parecemos...
- ¿Sabe que yo lo vi atajar a usted, Carrizo? Lo vi en un partido contra los uruguayos, una tarde en que Ramos Delgado noqueó a un moreno. Y lo vi bien...
- Gracias. Ahora no estoy en el seleccionado. Está Roma...
- ¿Roma..? Mire, le voy a contar esta pequeña anécdota... hace poco venía por la avenida Nueve de Julio. Había unos pibes jugando en el pasto y de pronto vino una pelota. Ya vio cómo somos los argentinos, no aguanté y la devolví con un taquito. Y el pibe que venía a buscarla me gritó: “¿Qué hace, diga, se cree Roma..?” “Mirá, pibe – le conté-. ¡Cuando Roma estaba en París, yo ya jugaba en la primera de Boca!...”
Carrizo se fue a entrenar...
Y cuando salió del Monumental, Tesoriere dejó en el cronista una confesión: "A Carrizo lo admiro por sus facultades y algo mas: por haberse repuesto de aquel desastre de Suecia. Yo lo comprendo. Yo sé lo que es eso. Yo también fui arquero."



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