ARGENTINA, AL PODIO DEL GRUPO DE LA VIDA
Cuando el sorteo aplastaba las previsiones de cualquier futbolero allá por diciembre y las bolillas se deslizaban impiadosas, crueles en cualquier rincón de Argentina los augurios no eran los mejores. Hasta Pelé, el sinónimo de lo políticamente correcto, acribilló cualquier atisbo de ilusión: en sus manos se acomodó la bolilla holandesa. Para ese entonces, Serbia y Montenegro y Costa de Marfil ya se agazapaban para dar el mordisco.
La hoja de ruta daba su primer paso en Hamburgo el 10 de junio. En la previa había algunas dudas en el equipo de Pekerman: Saviola asomaba como uno de los interrogantes hasta, incluso, se lo daba afuera de la lista de 23. El Pibito ganó esa batalla y salió como titular en el debut. Formó dupla ofensiva con Crespo y ambos exhibieron su potencial. Un tanto cada uno para la primera alegría argentina en el Mundial. Fue 2-1 ante los marfileños. Arrancaron: Abbondanzieri; Burdisso, Ayala, Heinze y Sorín; Maxi Rodríguez, Mascherano, Cambiasso, Riquelme; Saviola y Crespo. Un rendimiento que no satisfizo ya que hubo algunos sustos sobre el final del partido. Los gritos nacionales habían sido en la primera etapa, donde se regodeó Riquelme con sus punzantes habilitaciones, donde Mascherano, Ayala y Burdisso se lucían tanto en defensa como en el mediocampo. Y con la pelota y el resultado en su poder, Argentina entregó responsabilidades. Drogbá fue el guerrero marfileño que con su lanza encerró los nuestros en su área, marcó el gol del descuento y permitió que las dudas acechen el campamento albiceleste. Se sudó, pero el alivio había llegado con el triunfo.
El 16 de junio aparecía como un día sombrío. Serbia y Montenegro, más allá de haber tropezado en su debut, había dejado una imagen positiva. Con los fuertes antecedentes: invicto en la eliminatoria, con solo un gol encajado y despachando a España al repechaje.
El pitazo del italiano Roberto Rosetti despertaba un aullido de esperanza en Gelsenkirchen. Derrumbar el dato negativo de la anterior Copa del Mundo justo allí en ese estadio era también un escollo interesante. En Alemania 1974 en Gelsenkirchen Holanda, la Naranja Mecánica destrozaba al equipo nacional 4-0. Y hacia allí pusieron proa los muchachos de José. Un endemoniado Saviola habilitó a Maxi Rodríguez a los seis minutos y la marea albiceleste recibió agradecida el primer grito. Las gargantas estaban calmas, pero el andar incesante de Argentina armó una obra de arte. Fueron veinticinco toques, el fútbol champagne en su esplendor. Cambiasso finalizó en la red lo que preció una de las delicias mas geniales en la historia de los Mundiales.
Luego, otra vez Maxi, Crespo se sumó a la fiesta con su tanto. Pero para que fuera completa faltaban dos principitos de la redonda, dos artesanos del talento. La precocidad de Lionel Messi irrumpió en la noche de Gelsenkirchen, le cedió el cuarto gol a Crespo y anotó el sexto de una goleada memorable. Convirtiéndose así en el argentino más joven en jugar y marcar en una Copa del Mundo con 18 años y 357 días. Ahhh, ya sé. No me salte a la yugular. Hacia Tevez iba. Otro fenómeno que descolló: un caño en la puerta del área, un enganche hacia adentro descolocando al central serbio y un toque sublime para estampar la pelota mansamente en el arco. Algarabía, descontrol, abrazos infinitos, banderas argentinas por doquier, la consolidación de un grupo que fue de menor a mayor, la categoría individual y colectiva en cada abrazo con la red. Sinónimos y postales de lo que dejó la segunda presentación nacional, de un 6-0 pletórico de lujos.
La deliciosa Frankfurt fue la sede del cierre del grupo C. Esta vez para preservar por tarjetas amarillas y algún golpe menor, no estuvieron desde el inicio Saviola, Crespo, Heinze y Sorín. Dieron su paso inicial en el certamen como titulares Milito, Tevez, Messi y Cufré. Fue un 0-0 que posiciónó a los Pekerman Boy’s en la cima del grupo. Un 0-0 que dejó secuelas críticas en los medios del mundo: El diario As, de España, señaló en su título "ni ambición ni fútbol". Por su parte el diario Marca afirmó que el partido estuvo debajo del nivel esperado. Folha de San Pablo recalcó que el empate obligó a Holanda a enfrentar a Portugal. Mientras que el reconocido periódico francés Le Monde sostuvo que no mostraron la categoría que poseen los jugadores de ambos seleccionados y hubo conformismo. Para cerrar con los diarios del mundo, el italiano Corriere della Sera aseguró que la Argentina aprovechó que la situación le permitió asegurarse el primer lugar.
Más allá de todo, aquellos corazones desesperanzados de diciembre se alborotaron de euforia y un fútbol encantador, de un equipo sólido y de una firmeza que permite soñar. Esos corazones pesimistas que se empalagaron con varios fragmentos del equipo de Pekerman en esta primera fase. Pekerman, el mismo que enterró cualquier pronóstico negativo. El mismo que le cambió el nombre al grupo. Ya no era más de la Muerte, sino el Grupo de la Vida.
SEBASTIAN SRUR
EL REFUGIO DEL JUEGO, por Radio Palermo FM 99.5
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