OTRO SOPAPO A RIVER:
SAN JUAN TUVO SU ALEGRÓN
Por esta zona de Cuyo, cualquier futbolero que arañe los cincuenta, allá por 2027, podrá soltarle de memoria a su hijo adolescente una epopeya del fútbol sanjuanino: "Hijo, te voy a contar una historia que pasó hace 20 años. ¡Nene, tu querido San Martín le ganó a River acá en el estadio Hilario Sánchez 1-0! Hasta me salen solos los que jugaron ese día, el de la emoción más grande: César Monasterio era el arquero; Franco, Sebastián Brusco, Agüero y Facundo Torres en el fondo; Carreño, Pacheco y Décima en la mitad de la cancha; Matías García fue el enganche y arriba Luis Tonelotto y Nicolás Herrera: lo dirigía al verdinegro el gran Teté Quiroz, hijo", hasta con ojos desorbitados y aún exultante ese padre podría hablarle así a su pibe.
Es que será un tatuaje inmortal en la historia de esta parte de La Argentina ese impacto de San Martín de San Juan sobre River en un domingo agradable y soleado de agosto de 2007. Ya se presagiaba en los días previos. Parecía que los Beatles en su apogeo iban a dar un recital. Se asemejaba a una pasión similar a la que despertaban los cuatro fantásticos de Liverpool, sin exagerar. El viernes en la práctica en Desamparados había treinta fanáticos colgados de los árboles, a razón de cinco personas divididas en seis árboles. Después (en un gesto inédito) abrieron las puertas del estadio para que ingrese la gente y, entre ellos, esos treinta hombres colgados. Los chicos abandonaron las clases, cientos de personas dejaron sus trabajos y se terminaron juntando 1500 hinchas de River, que miraban absortos la práctica del equipo de Daniel Passarella. Algunas quinceañeras se baboseaban por Mauro Rosales, otros veinteañeros veneraban a Ortega, Belluschi y el Roly Zárate. En fin, la fiesta estaba instalada. Pero hay más, mucho más: cuando el plantel emprendió el regreso al hotel, fue imposible salir porque el hincha sanjuanino corrió al ritmo del micro y con lapicera y papel en mano le imploraban al Kaiser un autógrafo. El hombre de Chacabuco bajó y firmó como 80 autógrafos. Fue algo emocionante, indescriptibles los rostros de los/as agraciados/as.
Para coronar semejante devoción por River, ese mismo viernes, todo el sábado y todo el domingo se hicieron presentes 200 entusiastas seguidores de la banda roja en la puerta del hotel. Con un frío escalofriante estuvieron de guardia permanente. Admirable, por la perseverancia y las inclemencias climáticas. Recién el sábado salieron los jugadores a firmarles camisetas y banderas.
Luminosa y encantadora amaneció San Juan ese domingo 26 de agosto. El estadio a tope, con veinte mil enfervorizados cuyanos en las tribunas. Había gente no solo de San Juan, también de Mendoza. Y de Catamarca, Córdoba. Todos seguidores televisivos de River, por eso casi valía oro esa entrada al Hilario Sánchez. Y fue, nomás, otra actuación opaca de los dirigidos por Passarella. Sin brújula, descarriados en defensa, con un Tuzzio lentísimo, Leonardo Ponzio y Paulo Ferrari en un nivel discreto. Solo la magia del Burrito Ortega mantenía vivo el fuego millonario. En el equipo local, descolló Monasterio y se vistió de Héroe (con mayúsculas) Sebastián Brusco. El reloj marcaba 76 minutos, tiro libre para el verdinegro a treinta metros. El botín derecho de Brusco logró embrujarse y salió un zapatazo infernal que se incrustó en el arco de Ojeda. ¿De qué serviría narrar el festejo, si los adjetivos serían insuficientes?
En fin, otra excursión riverplatense fallida. Otro sinsabor en un contexto triste y decadente, en un mar de desaciertos y nulo en alegrías. Pero mire, mire: no le saque los ojos al loco festejo sanjuanino frente a la casa de Sarmiento. La algarabía, abrazos y más abrazos de euforia, cánticos hasta que cayó la noche. El pueblo sanjuanino vivió su día de gloria. Y es más: Sin temor a errarle, hasta Domingo Faustino en una nube se animó a agitar una bandera verdinegra.
SEBASTIÁN SRUR (Enviado Especial a San Juan)
EL REFUGIO DEL JUEGO, por Radio Palermo FM 99.5
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(Ganador del concurso Demostrarte 2004 como Mejor Programa Deportivo)
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