MAXI ZURDAZO A LA VICTORIA
Ya era historia la victoria frente a Costa de Marfil y Serbia y Montenegro, ya la página con Holanda había quedado en tablas con un 0-0, que le permitió a Argentina colocarse en el tope del grupo de la Vida. Ese 24 de junio en Leipzig aportaba datos históricos que no podían pasar inadvertidos: nacimiento del escritor Ernesto Sábato, 71 años de la desaparición física de Gardel y seis del cantante Rodrigo, 16 años de la heroica alegría ante Brasil en el Mundial de Italia ’90 con la genialidad de Maradona y la definición electrizante de Caniggia. Y como si estos datos fueran pocos, dos hombres que pasean su talento en los Pekerman Boy’s soplaban las velitas: 28 Juan Román Riquelme y 19 el pibe de oro, Lionel Messi.
Ese 24 de junio en Leipzig comenzaba de verdad el gran desafío para los albicelestes. Un choque cara a cara en noventa minutos. Y el que pierde, arma las valijas. Así de contundente. México venía desdibujado con cuatro puntos acumulados en su grupo. Un buen triunfo ante Irán 3-1, un empate opaco con Angola 0-0 y la caída frente a Portugal 2-1 en el cierre de su grupo. Surgían algunas versiones que el enfrentamiento del técnico Ricardo Lavolpe con la prensa era cada vez más duro. Los antecedentes entre ambas selecciones alentaban a un partido disputado y de pronóstico reservado. En la Copa América de Perú en 2004, los mexicanos ganaron 1-0 y en las semifinales de la Copa de las Confederaciones 2005 fue 1-1 y celebración argentina por penales.
Las palabras fueron enterradas cuando se echó a rodar el balón. Octavos de final de la Copa del Mundo de Alemania y las emociones no demoraron en arribar. Rafael Márquez, el capitán y estandarte de la defensa mexicana, surgió por sorpresa en el área y estampó la ventaja inicial para el Tri a los cinco minutos. Incredulidad y sorpresa. Pero los muchachos afinaron y la presión fue una estaca en el corazón para los dirigidos por Lavolpe. Pasaron cinco minutos. Corner que ejecutó Riquelme y Borgetti en contra la sumergió en la red, aunque la FIFA se lo dio a Crespo, que intervino en la acción. 1-1 y volver a empezar.
Discúlpeme si obvié datos. Es que tanta vorágine emocional desvió el foco. Para guardarlo en los libros: Abbondanzieri; Scaloni, Ayala, Heinze, Sorín; Maxi Rodríguez, Mascherano, Cambiasso, Riquelme; Saviola y Crespo fueron los once que encendieron la mecha ese 24 de junio. Una tarea eficiente del Pato Abbondanzieri, Ayala y Mascherano para suprimir cualquier intento ofensivo de los mexicanos. Erráticos Heinze, Saviola y Sorín, costaba abrir surcos para marcar la huella en el área. Pero desde las sombras florecía la figura de Maxi Rodríguez, cuyos dos estiletazos a la red ante Serbia y Montenegro habían clavado muchas miradas hacia el sector derecho de la mitad de la cancha.
Por eso a los 108 minutos, en el primer tiempo suplementario, desató un festejo apoteótico. Subida de Sorín por izquierda, cambio de frente a Maxi, Rodríguez la mató con el pecho y, sin dejarla morir en el verde césped, hizo hablar a su zurda y colocó la pelota en una inolvidable parábola en el ángulo de Oswaldo Sánchez. El mismo arquero que, en una entrevista exclusiva con nuestra página travelsports-tv4.com, ya había asegurado hacía dos meses que le temía a cualquier jugador de la Argentina y que respetaba sobremanera a los hombres de José. Eso había sido en el aeropuerto de Guarulhos en San Pablo y parecía premeditado. No fue Crespo, Tévez ni Saviola. Un destapado como Maxi Rodríguez anotó su tercer gol mundialista y ubicó a los nuestros entre los ocho mejores del planeta. Ese tremendo golazo debería ser retratado como uno de los más memorables del certamen. Sin duda alguna. Fue un festejo interminable, en las tribunas exultantes puro celeste y blanco, miles de euros depositados en cada ticket habían valido la pena.
Ahora esperaba el gigante germano. Alemania. Con su localía, sus cuatro sonrisas consecutivas en cuatro presentaciones, sus siete finales a cuestas, el rendimiento de menor a mayor y muchos de sus baluartes futbolísticos en la cresta de la ola. Pero la redonda no entiende de esas cosas. Solo sabe que el que mejor la cuide y la peine, se quedará con el premio mayor, con la recompensa. Las semifinales.
SEBASTIAN SRUR
Fotos cortesía de Yahoo! y AFP
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