LAURELES ETERNOS PARA LOS PUMAS
Los Pumas sacaron patente de ídolos no solamente porque accedieron por primera vez a las semifinales y lograron subirse al podio, sino que su legado no lo decide un resultado deportivo. La huella que quedó supera los fríos números. La Selección Argentina se transformó en el auténtico equipo de un país, porque les pasó por la cara a los supremos que existen principios que se fomentan con la fogosidad que se enseña a tacklear, al pasar la pelota.
La solidaridad, la camaradería, la humildad y la cuota de sacrificio son principios que tienen tanta significación como las cualidades técnicas. Porque los Pumas no dejan de ser gigantes porque no puedan levantar la Copa Webb Ellis, son los terceros del mundo. Lo son por la comunión y la dignidad de un plantel que peleó con recursos lícitos, con todo lo que tenía a su alcance. Y no se trata de un consuelo; sencillamente el reconocimiento de que existen equipos más fuertes.
La llave D era la única en la que alternaron tres notables equipos de la elite: Francia, Irlanda y Argentina, y antes de comenzar el torneo algunos optimistas apostaban por los dirigidos por Marcelo Loffreda que realizaron un recorrido casi perfecto. Este comenzó el 7 de setiembre en el Stade de France con una formidable victoria ante los anfitriones por 17-12. Fue un encuentro con un gran primer tiempo de los albicelestes, en el que Felipe Contepomi fue vital, y los "Bleus", impotentes, defraudaron a su hinchada.
Los comentarios no terminaban de aplacarse y Los Pumas tuvieron que viajar a Lyon para enfrentar sólo cuatro días después a un inexperto pero fibroso equipo de Georgia. A pesar de los temores y un primer tiempo complicado (6-3), el XV argentino se impuso por un claro 30-3, consiguiendo el punto de bonus ofensivo.
Para el tercer duelo, ante Namibia, la otra escuadra considerada enclenque de la serie, pasaron once días que permitieron recuperarse a los jugadores y, aún así, algunos quedaron fuera por previsión. El resultado fue 63-3, la mayor diferencia de tantos lograda por los Pumas en la Copa del Mundo y, por supuesto, consiguiendo un nuevo punto de bonus ofensivo para la tabla de clasificación del grupo.
El morbo estaba en París, donde Argentina dependía de sí misma e Irlanda de un milagro. Los Pumas no sólo no defraudaron sino que jugaron un partidazo ante un notable de la ovalada y, con una tarde fenomenal del apertura Juan Martín Hernández (tres drops), se impusieron con justicia 30-15, encajando los únicos dos tries en cuatro partidos.
De esta manera, los argentinos enviaron a Francia a chocar con Nueva Zelanda (ganador del Grupo C) en Cardiff, por cuartos de final, y quedaron en el Stade de France de Saint Denis para recibir a Escocia.
Siguieron bañándose de gloria Los Pumas, nomás. Fue 19-13 ante los escoceses, en una victoria de carácter casi épico por el desenlace. Dan Parks sobre los 16 minutos abrió la cuenta para Escocia. Los Pumas tuvieron más posesión de pelota que los escoceses y fueron los que más buscaron avanzar en el campo. Sobre los 22 minutos Felipe afinó su puntería y sumó dos veces a través de penales para dar vuelta el marcador. A ocho del final, Gonzalo Longo Elía tapó un kick sobre los 22 metros y le ganó en la carrera a sus dos marcadores para apoyar el primer try argentino. Escocia descontó sobre el cierre con un penal de Chris Paterson y cerró el parcial 13-6 en favor de Los Pumas, que por ahora son más que su rival.
La segunda mitad tuvo nuevamente a los pateadores como protagonistas. Felipe Contepomi sumó un penal en el inicio de la segunda mitad y Juan Martín Hernández aportó tres más con un drop. Los Pumas quedaron 19-6 arriba. A los 22 minutos de un error argentino, vino el contraataque letal de Escocia que terminó con Cusiter apoyando en la bandera y Paterno sumando una complicada conversión ayudado por el palo. El final tuvo a Escocia con la pelota en territorio argentino. Pero allí chocó con una organizada y dura defensa que les cerró todas las puertas para conseguir el triunfo. Ya casi en el pedestal de los consagrados, aparecían los Springboks en el horizonte, en las semifinales.
Pero se hizo añicos la idea de llegar la cita final. Fue clara la victoria de los Springboks. Los Pumas perdieron 37-13 frente a los africanos en Saint Denis. A los seis minutos llegó el try sudafricano. Felipe Contepomi intentó jugar la pelota en el centro de la cancha y Fourie du Preez, el medio scrum de los Springboks, interceptó el pase y corrió solo hacia el in goal. Percy Montgomery acertó en la conversión y el marcador quedó 7-0. El equipo de Jake White demostraba su poderío.
A los 31, Sudáfrica pudo recuperar la pelota y el wing Habana aprovechó la ausencia de Corleto en el fondo para jugar un sombrero y lanzarse hacia un nuevo try. Montgomery convirtió y el marcador se fue a 17-6. Encima, la primera parte finalizó con otro try de los sudafricanos: los Springboks movieron la pelota con rapidez para que el octavo Rossouw apoyara. Después de haberse esmerado, Argentina se fue al descanso abajo por 18 (24-6), sufriendo la eficacia rival en su máxima expresión.
Lo dicho, en la parte final torpezas inaceptables por parte de los de Loffreda, la potencia de los sudafricanos y algunas escaramuzas en el desenlace del partido, terminaron de construir el 37-13 que sentenciaba el cartel electrónico.
Más allá del traspié previsible, pero no menos doloroso, los hombres del seleccionado fueron a relajarse a EuroDisney y despejar la mente. Sabían que anotarse una victoria en el encuentro del tercer puesto implicaba cerrar un ciclo con gloria. Por eso, con otra actuación convincente, la Argentina se dio un gran gusto en la Copa del Mundo.
En el Parc des Princes derrotó a Francia por 34 a 10 y terminó tercera para subirse al podio, lo que significó la mejor actuación de un equipo argentino en los Mundiales. El encuentro tuvo un valor agregado para los nuestros: fue el último de Marcelo Loffreda como técnico del conjunto argentino y también significó la función final para Omar Hasan, que anunció su retiro del seleccionado, y, seguramente, de otros hombres, que aún no tomaron una decisión. En el partido del bronce, Argentina se dio el lujo de apoyar cinco trys. Dos de la gran figura Felipe Contepomi, uno de Aramburú, Hasan y el restante de Corleto. Un rugby champán ofrecido otra vez por Agustín Pichot en función despedida de los Pumas, otra gran presentación de Hernández y ese 34-10 sellado en la historia del rugby nacional para toda la eternidad.
Porque juraron con gloria morir, y así lo hicieron. Porque las lágrimas de Pichot, Contepomi, Juan Martín Hernández, Mario Ledesma y todos los rugbiers no hacen más que dictaminar que los laureles serán eternos en está épica aventura mundialista.
SEBASTIAN SRUR
EL REFUGIO DEL JUEGO, por Radio Palermo FM 99.5
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(Ganador del concurso Demostrarte 2004 como Mejor Programa Deportivo)
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