SEXTA, SEXTA: BOCA COPÓ LA LIBERTADORES Y PISOTEÓ AL GREMIO
Parecen imperceptibles, pero no pasan inadvertidas. Están en cualquier plaza, o parque donde el verde adorne el andar de cualquier niño. Andar que, con sus secuelas, quizás arruine la programación de largos meses. Porque si en algo se caracterizan las hormigas es en el orden, la prolijidad y la sincronización. En armar cadenas de recolección, en desmenuzar con perfección procesos prácticamente infalibles, donde todas y cada una de las hormigas son parte vital del todo. Es más, si uno pispea en detalle, ese caminito, esa senda que dibujan es meticulosa y los pequeños trozos de hojas son trasladados en una pulcra fila india.
Por eso edificar un imperio en medio de la huerfandad de títulos, la desorganización y los prejuicios parecía una utopía. Esos prejuicios de "tan joven e inexperto, un club no es una empresa", impregnaron cada rincón de la Bombonera. Cuando promediaba la década del '90 Mauricio Macri, de 35 años, se ponía el overol y arrancaba su presidencia. En efecto, parecía una hormiga obrera, colocando los ladrillos de un Boca que expandiría su fama, más allá del Muro de Berlín o la Muralla china. Vale marcar que recibía un club casi saneado económicamente por Alegre y Heller, pero ávido de vueltas olímpicas. Para ser claros: entre 1981 y 1995, cuando tomó el mando Macri, hubo cuatro títulos. Desde aquel '95 hasta este 2007 Boca sumó 16 alegrías.
Sustentado en volver a foja cero las divisiones menores e ir mezclándolos en el debido momento con los de Primera, en apostar a un sabio del fútbol, que hace sencillo lo complejo. Ese hombre, Carlos Bianchi, depositó a los xeneizes en cuatro finales continentales, conquistando tres y trayendo de Tokio dos veces la Intercontinental. Basado en creer en que los símbolos pueden volver y brillar aún más, Macri convenció a sus dirigentes que, cada uno en su momento, retornaran Ibarra, Palermo, Battaglia y el colosal Juan Román Riquelme.
Determinantes actuaciones, goles que cotizan alto elevaron su inmensa figura a semiDios. Tres goles en las dos finales con Gremio, un tiro libre magistral para empezar a liquidar la serie con el Cúcuta en las semifinales, abrió la puerta de la victoria en Asunción ante Libertad en los cuartos de final con ese 1-0, que a la postre fue 2-0, y candidateó definitivamente a Boca como rival de temer. En la Bombonera, en los octavos con Vélez, en el partido que se recordará por la patada salvaje de Sessa a Palacio, Román también selló un golazo para contribuir en ese 3-0. Y si sumamos el tanto a Toluca en la primera fase, fueron siete goles que lo ubican a Riquelme en la cresta de la ola.
Un bombazo como el que metió Juan Román para vestir definitivamente la Copa Libertadores de azul y oro no reconoce épocas. Esos 43 mil dólares diarios que percibió Riquelme para calzarse otra vez la camiseta que más ama, vaya si se justificaron. El director de orquesta que une extremos. Fusiona el potrero made in Don Torcuato y la formación profesional en Casa Amarilla, realzada en Europa. Es el fantasista que convierte lo ordinario en fascinante.
Párrafo aparte merece el técnico Miguel Ángel Russo. Se sentó en la silla eléctrica que abandonó sin pena ni gloria Ricardo Lavolpe, asumiendo un compromiso total con las ambiciones boquenses. Se mantuvo firme en el Clausura hasta las últimas fechas, juntando 39 puntos y asustando al campeón San Lorenzo. Sobrevivió a las críticas más feroces en la primera fase de la Copa. Sabido era que por la altura de las ciudades, no iba a ser un camino lleno de champán y rosas. Empate en cero en La Paz con Bolívar, sendas derrotas con Toluca en México y un 3-0 lapidario ante Cienciano en Cuzco que hacía preocupar a más de un hincha xeneize. No le tembló el pulso a Russo para admitir que sólo le importaba superar esa fase inicial, ya que a partir de Octavos arranca la verdad. Y la personalidad, el temple, la categoría, el oficio de un equipo ganador apareció cuando las circunstancias lo requerían.
Este sexto título que lo eleva otra vez a Boca al Aconcagua, al pico más alto de América también tiene nombres propios. El artillero infalible Martín Palermo, el despliegue generoso de Pablo Ledesma, el andar sólido de Ibarra, el notable nivel de Morel Rodríguez y los besos en la red de Rodrigo Palacio.
Dicen en Brandsen 805 que la película de la Libertadores '07 ya es un éxito de taquilla en el pueblo auriazul. Que el guión fue impiadoso y casi cruel cuando arrancó con escenas tomadas en la altura de La Paz, el DF mexicano y Cuzco. En el nudo hubo picos de euforia combinados con angustia. Zozobra liberada en guaraní por la tropa riquelmeana. En el desenlace comieron perdices gaúchas y la gloria iluminó ese templo rectangular y de edificación elevada. Ya la Bombonera se tatuó en su piel la sexta estrella de América, ya Román emocionó a sus feligreses frotando su lámpara y el desafío está planteado: ya Boca tomó la ruta para alcanzar a Independiente como el máximo conquistador del continente. Pero vaya a decírselo a ese pibe con la camiseta de Palermo que le brillan los ojitos viendo pasar a sus ídolos por el centro porteño. Ese pibe hoy se siente el más poderoso de acá a Alaska, auque tenga que contar las monedas para comprarse tres porciones de muzarella en la pizzería de Almirante Brown y Suárez.
SEBASTIAN SRUR
EL REFUGIO DEL JUEGO, por Radio Palermo FM 99.5
El hogar del espíritu lúdico
(Ganador del concurso Demostrarte 2004 como Mejor Programa Deportivo)
Domingos - 11 hs (la vuelta... olímpica)
El espacio donde los deportistas son los verdaderos protagonistas
ACTUALIDAD DEPORTIVA
INFORMES ESPECIALES
INVITADOS DE LUJO
DEPORTES PARAOLIMPICOS
ENTRETENIMIENTOS, JUEGOS Y GRANDES PREMIOS
Con: Juan Marquínez, Sebastián Silva, Sebastián Srur,
Luciana López Luongo y Andrés Gilio
El Refugio del Juego reivindica la esencia del deporte como fuente de libertad absoluta y juventud imperecedera. En este espacio los deportistas profesionales y amateurs son los verdaderos protagonistas, y no meros actores de reparto. Se destaca su pasión, el espiritu que realza el valor del Juego, además del talento innato y de las emociones que éstos pueden llegar a generar.